miércoles, 7 de noviembre de 2012

CARTA A UN AMIGO DESCONOCIDO


Me caíste bien desde el mismo momento en que te conocí. Bueno, más que desde que te conocí, desde que una amiga común me habló de ti. Una buena amiga, por cierto; tienes un lujo ahí que no debes desperdiciar. Me habló de ti un día en el que, con el pretexto de una visita a su nuevo despacho, o quizá por coincidencia, me comentó tu caso, caso que es igual que el mío.

Me pidió consejo sobre como podrías superar el trance por el que estas pasando, para poder ayudarte además de arroparte, para ser algo más que un hombro sobre el que llorar. Por supuesto, sin que te enteres, porque sabe que seguramente estás todavía petrificado, todavía te parece un mal sueño, y quizá no soportes que otra gente ya asuma tu nueva situación; pero es cierta, ya ha ocurrido. Es real.

Yo sonreí, porque en mi fuero interno siempre tengo ganas de explicar como me va, y que he aprendido de todo esto, de este largo año que parece que no va a acabar nunca, pero no te engañes, yo solo soy un alumno, un paciente como tú, quizá solo con un recorrido mayor, con mas rodaje. Pero un aprendiz, para nada un maestro.

Le dije que estuvieras tranquilo, pero muy tranquilo, mucha calma, mucha respiración, le dije que tu cabeza es un terrible torbellino de emociones contrapuestas que son difíciles de combinar: esperanza, desazón, desesperación, deseo, odio, celos, envidia, ansiedad… Todo parece ir en contra tuya, todo te altera, estás acelerado, no comes, no duermes.  Le dije que intentes dormir, que tomes infusiones, o que vayas al médico, necesitas el olvido del sueño, necesitas dormir profundamente.

También le hablé de comer. Come sano, come variado, y a las horas. Vas a perder peso, tu metabolismo corre a toda velocidad. Practica deporte en horarios regulares, pero algo moderado y a ser posible con alguien que te apriete, que no te deje pensar, que sea un rato en el que tu cabeza deja de procesar, y se dedica a otra cosa.

Me dijo que ya tienes casa propia, y que no tienes hijos. Muy bien por lo de la casa, espero que poco a poco la vayas haciendo tuya, y que no tengas problemas para pagarla. Espero que estés cómodo y que te sientas bien cuando llegues al final del día. Es tu hogar, debes disfrutarlo.

No tener hijos te evita un doble sufrimiento: uno es el de tener que verte en situaciones que ahora mismo no te convienen nada, eso te lo digo por experiencia, sólo y solo por ellos. Es un mono que es muy difícil de quitar, pero por ellos hay que soportarlo. Mejor que no tengas que pasarlas, todo te hace evocar. El otro es preocuparte por su bienestar, se te vienen a la cabeza un montón de cosas, te angustiarías por nimiedades y te costaría mucho mantener la calma en las cosas importantes. La pena es que no vas a disfrutar de la tremenda alegría que te regalan esos pequeños corazones; caro consuelo, pero valiosísimo.

Y sobre todo te digo que todo esto te va a servir para curar los síntomas de tu mal. Porque contra lo que te pasa no hay remedio; solo el tiempo y tu adaptación te harán salir adelante. Te recomiendo que pierdas la esperanza, primero porque está todo decidido, y segundo porque no estás en condiciones de recuperarlo, estás bajo, triste, desanimado, sin chispa y sin gracia. Alimentas celos, envidia y rencor. Déjalo, da rabia, llora y acepta esa tremenda tristeza. Respira hondo. Pasará. Quizá demasiado despacio, pero seguro que pasará.

Y en breve tiempo, con ayuda de tu familia, tus amigos (los viejos y los que seguro que harás, no estás tan solo, ya lo verás) y sobre todo de ti mismo, de la madurez tremenda que vas a adquirir, irás descubriéndote, como una persona capaz, buena, atractiva. Alguien seguro de si mismo, alguien nuevo, mejor. Las cosas, poco a poco, irán mejorando. Llegarán oportunidades, las recibirás con alegría, porque verás motivos para alegrarte, se darán algunos fracasos y los soportarás con entereza, porque estarás mejor preparado.

Espero que algún día tengamos oportunidad de conocernos en persona. Y que lo que cada uno de nosotros vea frente a sí sea una persona plena, feliz y alegre. Con una nueva vida y, por que no, con una nueva hermosa razón para vivir. Como sea, porque saldremos. Podremos contarlo, reírnos de ello, incluso disfrutarlo. Porque nos habrá hecho más fuertes. Seguro. Ojalá tú lo veas en mí y yo lo vea en ti. Nos guiñaremos un ojo.

Salud, fuerza, y un abrazo, amigo.

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